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Maridaje de vino, marisco y crustáceos
El océano en el plato, la frescura en la copa
Una mariscada promete un momento sencillo, fresco y festivo. Entre la dulzura del cangrejo, el crujiente de las gambas y el yodo de las ostras, los sabores son delicados. Para mantener ese equilibrio hace falta un vino que juegue con la ligereza y la precisión. Los blancos naturales del Loira, de la Vendée o de Borgoña hacen maravillas: cortan lo justo respetando la finura del producto. Buscamos el efecto “trago de mar”: esa sensación de aire salino y pureza que prolonga el sabor de alta mar.
Los vinos naturales perfectos para marisco y crustáceos
Los blancos secos naturales son las estrellas de este maridaje. Un Muscadet Sèvre-et-Maine natural, con su tensión y mineralidad, sigue siendo imprescindible con las ostras. En Borgoña, un Aligoté o un Chardonnay natural de Chablis aportan redondez y brillo. En el Loira, un Chenin Blanc ofrece un buen equilibrio entre viveza y fruta. Y para salirse de lo habitual, prueba un vino del Jura de Savagnin o Chardonnay: su toque salino y ligeramente oxidativo hace maravillas con los crustáceos. La idea es siempre la misma: vino vivo, puro y refrescante, que realza el mar sin excesos.